Un ejemplar de KaLiman, El Hombre Increíble, publicación que despertó la imaginación de generaciones de niños dominicanos durante la década de 1980. La revista forma parte de los recuerdos de una época en la que muchos lectores esperaban cada semana la llegada de un nuevo número a las librerías.
Por: Ruperto Alis / Imparcial RD/ Carlos Alcántara/Noticiasrd.net
Santo Domingo, R.D.— Hubo una época en la que los lunes tenían un atractivo especial para muchos niños dominicanos. No se trataba únicamente del regreso a las aulas después del fin de semana, sino también de la llegada de una nueva entrega de Kalimán, el hombre increíble, la popular historieta que cautivó a lectores de distintas generaciones con sus aventuras, enigmas y enseñanzas sobre el poder de la mente.
Durante la década de 1980, especialmente entre 1983 y 1990, esta publicación formó parte de las lecturas de numerosos aficionados en República Dominicana. Sus páginas transportaban a los jóvenes a escenarios extraordinarios, donde el protagonista enfrentaba peligros, descifraba misterios y demostraba que la inteligencia, la disciplina y el dominio de las emociones podían ser tan importantes como la fuerza física.
Una visita semanal a la librería
En la memoria de quienes disfrutaron aquellas historietas permanece una costumbre que hoy adquiere un significado especial: acudir cada lunes a las librerías para conseguir el nuevo ejemplar.
En la calle Las Mercedes, en plena Zona Colonial de Santo Domingo de Guzmán, la antigua tradición de comprar libros y revistas forma parte de los recuerdos de una ciudad que ha experimentado profundas transformaciones culturales y comerciales.
Uno de esos lectores recuerda que, entre 1983 y 1990, acudía a la Librería La Filantrópica para adquirir su ejemplar semanal de Kalimán. Aquella visita se convertía en una oportunidad para continuar las aventuras del personaje y descubrir cómo se resolvían las situaciones que habían quedado pendientes en la entrega anterior.
La experiencia no era exclusiva de los adultos aficionados a las historietas. Los niños también encontraban en sus páginas una puerta hacia la imaginación, la aventura y el entretenimiento, en una época en la que la lectura impresa ocupaba un lugar importante en el tiempo libre de muchas familias.
Un personaje que trascendió fronteras
Kalimán, el hombre increíble nació como una serie radiofónica en México en 1963. Dos años después, en noviembre de 1965, sus aventuras llegaron al formato de historieta, que alcanzó una notable popularidad entre los lectores latinoamericanos.
La publicación original fue escrita por distintos guionistas, entre ellos Héctor González Dueñas, conocido como Víctor Fox, y Clemente Uribe Ugarte, cuyo seudónimo era Clem Uribe. El personaje fue creado por Rafael Cutberto Navarro y Modesto Vázquez.
Su éxito favoreció la expansión de las historietas hacia diversos mercados de América Latina y el Caribe.
En 1983, la colombiana Editora Cinco distribuyó una edición dirigida a República Dominicana, Puerto Rico y Panamá, que posteriormente llegó a otros países de la región. Los registros bibliográficos y los ejemplares conservados por coleccionistas documentan la circulación dominicana de esta publicación.
En sus aventuras, Kalimán aparecía como un héroe de extraordinarias capacidades mentales, comprometido con la justicia y dispuesto a enfrentarse a enemigos que representaban amenazas para otras personas. A su lado estaba Solín, su joven compañero, quien participaba en numerosas expediciones y aprendía de las experiencias compartidas.
La mente como principal herramienta
Uno de los elementos que distinguieron a Kalimán fue su filosofía de vida. A diferencia de otros héroes que dependían principalmente de la fuerza física, el protagonista recurría al razonamiento, la paciencia, la observación y el autocontrol para superar los obstáculos.
Su conocida expresión «Serenidad y paciencia, mi pequeño Solín» quedó grabada en la memoria de muchos seguidores y trascendió las páginas impresas para convertirse en una frase popular entre los admiradores del personaje.
Las historias presentaban situaciones de peligro, persecuciones, civilizaciones misteriosas y adversarios que obligaban al héroe a utilizar sus conocimientos para encontrar una salida.
Para los niños que seguían sus aventuras, cada número representaba una oportunidad de explorar mundos desconocidos y desarrollar el interés por la lectura a través de relatos cargados de suspenso.
Una generación que conserva sus recuerdos
La historia de Kalimán en República Dominicana también está vinculada a las experiencias personales de quienes crecieron leyendo historietas en las décadas de 1970 y 1980.
Algunos recuerdan las visitas a las librerías; otros conservan ejemplares antiguos, portadas deterioradas por el paso del tiempo o imágenes que les permiten regresar, aunque sea por unos instantes, a una etapa significativa de sus vidas.
Esos testimonios contribuyen a reconstruir una parte de la historia cultural dominicana que merece ser documentada: la circulación de revistas extranjeras, las costumbres de lectura de los niños y el papel de las librerías tradicionales como puntos de encuentro entre los lectores y las publicaciones populares.
La fotografía de un ejemplar conservado por uno de aquellos lectores puede convertirse en una pieza valiosa para ilustrar esa memoria colectiva, especialmente si permite identificar el número, la portada, la editorial y los datos de distribución correspondientes a la edición que circulaba en el país.
Aunque la publicación original mexicana concluyó en 1991, la trayectoria editorial de Kalimán incluyó otras ediciones y reimpresiones. Por ello, la fecha exacta en que dejó de llegar a las librerías dominicanas debe establecerse mediante ejemplares, registros editoriales y testimonios de la época.
Más que una historieta
Para quienes esperaban cada lunes la llegada de una nueva aventura, Kalimán fue mucho más que una revista. Representó una forma de entretenimiento, una invitación a imaginar y una experiencia compartida por lectores de distintas edades.
Hoy, décadas después, el recuerdo de aquella compra semanal en la Librería La Filantrópica demuestra que las publicaciones impresas también dejan huellas en la memoria de una ciudad y de quienes crecieron recorriendo sus calles.
En una época dominada por las pantallas y el contenido digital, aquellas páginas recuerdan el valor de la lectura tradicional y la emoción de esperar una nueva historia sin conocer todavía su desenlace.
Porque para muchos niños dominicanos, los lunes no solo marcaban el inicio de otra semana: también eran el día de reencontrarse con Kalimán, el hombre increíble.
Anécdotas
Quien escribe Carlos Alcántara recuerda aquellos años 80/90, cuando mi amigo de infancia, el profesor Jua Wilfredo Polanco Ubrí ( Lilito ) me enviaba al colmado de Antonio Montero Montero (Toñito), úinico dsitrubuidor de los ejemplares de Kaliman, Rubi, Yo el Ejecutor, Fuego, Memín entre otras producciones de la editora mexicana Cinco. Mensualmente adquiriamos un «paquito» de Kaliman para adentrarnos en esa bella e interesante historia de Kaliman, quien con amigo Solin resolvían cada situación. Fueron épocas lindas.
